La detestable negligencia de las cumbres internacionales del G-20
El capitalismo neoliberal ha fracasado. No se trata de una frase panfletaria carente de justificación; lo acontecido durante este último año no deja lugar a dudas sobre la situación en la que se encuentra el actual sistema económico a nivel mundial: el tambaleo del sistema financiero internacional, con las respectivas quiebras y dificultades de numerosas entidades financieras; la falta de liquidez en las actividades productivas; la regresión del crecimiento económico; el aumento de personas fallecidas por inanición; la intensa destrucción de puestos de trabajo; el agravamiento de la pobreza; la incesante pérdida de confianza en el sistema financiero y las bajas expectativas económicas; la amenaza de la deflación; la nerviosa preocupación política por encontrar soluciones al problema; la desintegración social en las capas poblacionales más afectadas por el desempleo; el surgimiento y recrudecimiento de movimientos alternativos al orden social y político actual; los innumerables levantamientos y protestas contra las fuerzas gobernantes…
Toda la comunidad, y el propio devenir del proceso económico, exigen un cambio de altas dimensiones en la planificación política y económica del sistema actual. Sin embargo, la elite política se opone con firmeza a realizar transformaciones que alteren notablemente el statu quo. Entre los diversos motivos que dirigen sus actuaciones, habría que destacar varios:
Los antidisturbios avasallan a los estudiantes
Los estudiantes universitarios del siglo XXI hemos sido víctimas ya de demasiados atropellos.
Vimos cómo en 2001 la Ley Orgánica de Universidades (LOU), diseñada para enfilar los valores del nuevo Plan Estratégico Superior que desde Europa se querían imponer, se personó sin contar con la opinión de la comunidad universitaria.
Observamos con impotencia cómo fue ratificada sin tener en cuenta el sentir de los estudiantes, que salieron a la calle en incontables ocasiones y con una fuerza asombrosa para demostrar su rechazo.
Avistamos esperanzados cómo el por entonces líder de la oposición José Luís Rodríguez Zapatero criticó esta ley y aseguró que la modificaría en caso de alcanzar el poder; advirtiendo años más tarde cómo habíamos sido engañados como chinos.
Contemplamos en 2007 como un puñado de dirigentes políticos europeos ajenos a la realidad universitaria concretaron los principios del Plan Estratégico Superior enfocándolos hacia fines económicos, sin demostrar interés por elaborar un correcto procedimiento pedagógico y despreciando todo conocimiento que no fuese rentable.
Percibimos cómo nos ocultaban información descubriendo con rabia la enorme opacidad con la que estaban modificando nuestro futuro académico y profesional. Descubrimos con horror cómo todas nuestras quejas, reclamaciones, sugerencias… -llevadas a cabo a través de numerosas y variadas formas de protesta- fueron silenciadas para no alterar la inevitable imposición legislativa, demostrando una vez más que la Democracia es sólo una bonita palabra del diccionario.
Vimos cómo, después de lograr sufridamente la celebración de un referéndum en la Universidad Autónoma de Barcelona, el NO a Bolonia ganó con un aplastante 93% de los votos; y cómo ello fue ignorado por aquellos que llevan a cabo la homologación de estudios con Europa.
Y, finalmente, contemplamos con rabia y horror cómo los estudiantes que siguen simplemente buscando formas de protesta son golpeados, empujados y arrollados, como si fuesen delincuentes; como si intentar tener voz en un proceso legislativo que determinará su futuro fuese un crimen.
La Banca y el Gobierno. ¿Quién sirve a quién?
Repasemos los últimos acontecimientos de una forma rápida y directa:

En agosto de 2007 se empieza a vislumbrar una crisis de imprevistas consecuencias originada en Estados Unidos, concretamente en el sector financiero debido fundamentalmente a la actividad de las hipotecas basura, y por ende, a la especulación y a la avaricia financiera. La banca estadounidense la culpable, pero no la única. Poco a poco el problema se va trasladando a los bancos europeos, dejando a la vista quiénes se habían implicado más y quiénes menos en el juego del casino financiero.
La falta de liquidez de los bancos es preocupante, y acaba en ocasiones con quiebras y graves faltas de pagos. Problemas que son solventados por los gobiernos estatales, a través de fondos públicos y nacionalizaciones bancarias. La economía financiera guarda una estrecha vinculación con la economía real, y los Estados no pueden permitirse el derrumbe del sistema bancario, pues de él depende el correcto funcionamiento de la economía del país.
El sector financiero es un pilar básico en la economía, qué duda cabe. Tal vez por ello sería una buena idea que fuese un sector bien vigilado y administrado por los gobiernos nacionales, para asegurar su buen funcionamiento dentro de un marco regulado y compenetrado con el resto de actividades económicas; y no un sector con gestión aparte enfocada únicamente a maximizar beneficios en un mercado nacional e internacional sin preocuparle lo más mínimo que su actividad se dirija hacia actividades especulativas en vez de hacia actividades productivas.
Declaración de la Cumbre del G-20 en Washington
Como era de esperar por todo analista crítico y mínimamente consciente de la situación económica actual, la Declaración de la Cumbre de Washington firmada el pasado 15 de noviembre ha resultado una decisión que no da ningún paso hacia una estructura económica mundial que anteponga el bienestar humano y el cuidado del planeta al crecimiento económico descontrolado.
Fruto de la asociación de los países más desarrollados del planeta (sin tener en cuenta a los países subdesarrollados, que son las principales víctimas y por tanto los mayores interesados en solucionar la actual crisis), esta Declaración se brinda como una reforma del sistema capitalista actual que ayudará a superar la crisis financiera. Pero curiosamente esta reforma se ha planteado dentro de unos márgenes establecidos por el libre mercado, la propiedad privada, el comercio y las inversiones libres en mercados competitivos, lo que conlleva inevitablemente a deducir que las cosas no van a cambiar en absoluto. Parece que nadie les ha explicado a estos dirigentes políticos el origen y las causas de la crisis, pues ni siquiera dicen en la declaración algo al respecto. Se ha hecho especial hincapié en el rechazo del proteccionismo y de la regulación excesiva, así como en el libre mercado competitivo, sin detallar que estas teorías únicamente se ponen en práctica cuándo conviene y dónde conviene.
Greenpeace. Yo soy antinuclear.
He aquí la campaña de recogida de firmas por parte de GreenPeace contra la instalación de bases nucleares:
“Un nombre, dos apellidos y una firma. Con estas armas cada persona podrá luchar contra la industria nuclear y pedir un futuro sin centrales nucleares.
El planeta necesita con urgencia un nuevo modelo energético que nos aleje de las consecuencias de un cambio climático peligroso.
Las soluciones para conseguirlo son conocidas y pasan por un rechazo absoluto a la energía nuclear. ¿Por qué?
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“Mi libertad acaba donde comienza la tuya”
Todo el mundo sabe qué significa el concepto “Libertad”. O, al menos, todo el mundo cree conocerlo. Este término es uno de los pilares básicos de nuestra cultura occidental, y sin embargo, la amplitud y ambigüedad de la noción consigue que este principio de nuestra condición humana tan valorado acabe siendo prostituido la mayoría de las veces.
La Libertad es aquella facultad que permite a otras facultades actuar y que está regida por la justicia. Históricamente, en especial desde las Revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX, la Libertad suele estar muy unida a los conceptos de justicia e igualdad.
Huelga General de Estudiantes
Hoy, 22 de octubre, se han manifestado miles de estudiantes en numerosas ciudades de España, secundando la Huelga General convocada por el Sindicato de Estudiantes en contra de los Planes de Bolonia y del decreto de endurecimiento de la selectividad, muy vinculado a los mismos.
La idea esencial de estas movilizaciones consiste en el apoyo a una educación pública y a un rechazo rotundo a los nuevos planes de privatización, cuyo principal objetivo reside en convertir la enseñanza en un negocio del cual obtener cuantiosos beneficios. La universidad pública, digna y gratuita tiene que ser entendida como un derecho universal, y jamás como una oportunidad para lucrarse.
Comunidad VS Asociación
La Revolución Industrial llevada a cabo durante parte del siglo XVIII y, sobretodo, durante el siglo XIX, significó el cambio más profundo y significativo que ha experimento el ser humano a lo largo de su historia. Su arranque hay que encontrarlo en una evolución de la actividad económica, que consiguió mejores resultados gracias al empleo de nueva tecnología. Sin embargo, este proceso no sólo alteró la dimensión económica, sino que repercutió estrepitosamente sobre otros campos de la vida del ser humano. Concretamente, la sociedad estamental dio paso a un nuevo tipo de sociedad muy diferente, y a menudo en contraposición con la primera.
Siguiendo a Tönnies (1855-1936) esta transición puede entenderse como un ciclo de cambio de un periodo caracterizado por el predominio de las formas sociales propias de un modelo de Comunidad, a un período caracterizado por las formas de Asociación.

- El concepto de Comunidad hace referencia a vínculos personales naturales y afectivos, motivaciones morales, altruistas y cooperativas, convivencia perdurable e íntima. En la comunidad existen lazos sociales visibles e identificables primariamente, prevalece el espíritu de cooperación, la ayuda, la acción social altruista y las convicciones. La comunidad es un organismo vivo, cohesionado por el afecto, la simpatía y la voluntad de compartir (es propio de la comunidad la satisfacción en el uso y disfrute de los bienes comunes), donde opera el consenso entre copartícipes próximos físicamente, con disposición para la armonía y el espíritu de concordia. La iniciativa es considerada como una inclinación positiva, primando la generosidad, la confianza y la estimación de las cosas por su valor intrínseco.
Los niños se convierten en adultos
Los niños nacen y se crían en un mundo de color de rosa, donde todo parece estar al alcance de la mano y donde no existen imposibles. Los padres se dedican a ello, le conceden a sus hijos todo lo que está en su mano para hacerlos felices, y ellos se acostumbran a esas facilidades.
Los dibujos animados, los ambientes festivos, los sonrientes peluches y muñecos, los lugares paradisíacos, el mundo de la magia y la fantasía, los incontables juegos en grupo, los payasos y los circos, los colores, los sabores más apetecibles, los olores más deseables, los alegres animales, las ilusiones (los Reyes Magos, Papa Noel, el ratoncito Pérez), la imaginación, los sueños… todo ello convive con el niño durante su crecimiento, adentrándolo en un mundo fantástico y alejándolo de la realidad.
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Inexistencia de cultura política
En una democracia se supone que la toma de decisiones responde a la voluntad general. Los ciudadanos eligen a sus representantes mediante un sistema electoral por el cual se configuran aquellos puestos que ostentarán el poder.
Dejando de lado las imperfecciones de los sistemas electorales, las deficiencias de los mecanismos de escrutinio de votos, y cualquier tipo de factor administrativo que atente contra el principio “una persona, un voto” (que no son pocos, ni exentos de gran importancia); existen otros matices que deterioran la democracia en sí.
Estos rasgos gozan de la característica de no ser apreciables a simple vista, y a menudo no lo son ni a través de un proceso complejo. Son a su vez, muy diferentes entre sí, perteneciendo a ámbitos distintos a los cuales se les da, equívocamente, poca trascendencia. Se conocen, pero no se tienen en cuenta.
En primer lugar podríamos destacar el problema de la participación en unas elecciones. Que no toda la población exprese su voluntad resta legitimidad a los elegidos. No pueden considerarse preferidos por la mayoría del pueblo porque una parte de éste (a veces de una proporción muy considerable) no ha participado en la votación.
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